Tras el éxito de Batman Begins, su director Christopher Nolan prefirió tomar un descanso entre una entrega y otra de la trilogía del murciélago. Para esta ocasión, volvió a reunir a un excelente reparto en una película más íntima pero no menos interesante.
Robert y Alfred son dos magos exitosos en Londres a finales del siglo XIX. Tras un dramático acontecimiento, ambos compañeros darán pie a una rivalidad, una enemistad sin límites con objeto de alcanzar el mejor truco. Su enfrentamiento solo podrá acabar con el éxito de uno y el hundimiento del otro.
"Presten mucha atención". Estas son las palabras con las que se inicia la película y no de forma arbitraria. Una película estructurada enteramente como un truco de magia, como un maravilloso número de prestidigitador.
El truco final, coescrita por el director Christopher Nolan y su hermano, Jonathan Nolan, narra de forma urgente pero sobria, una historia de cómo la amistad se torna en enemistad por la búsqueda de la fama y del prestigio. Por querer llegar a ser el mejor aun a costa de perjudicar y hundir si cabe una antigua amistad.
La película es una delicia visual. La fotografía de Wally Pfister resulta inmejorable así como la ambientación de la época decimonónica. También ayuda a crear un ambiente enrarecido la funcional música de David Julyan. El truco final supone para su autor la plena definición de su estilo y lenguaje cinematográfico.
Como es frecuente en la filmografía de su director, volvemos a encontrar protagonistas marcados por un pasado traumático y por una malsana obsesión, en este caso, lograr ser el mago más grande de Londres. Hugh Jackman y Christian Bale brillan como los protagonistas de esta historia de eterna rivalidad, mientras que Michael Caine, como siempre, interpreta a la perfección su papel. Por otra parte, Rebecca Hall y Scarlett Johansson cumplen sobradamente, si bien su papel en la película queda bastante reducido y muy desaprovechado, lo que denota ya cierta incapacidad de su autor en escribir personajes femeninos con más trascendencia. Es de destacar la sorprendente y más que satisfactoria caracterización de David Bowie como Nikola Tesla, cuyo duelo con Thomas Edison podría haber dado lugar a una historia muy interesante.
El truco final es la película más tramposa de su director hasta la fecha. Emplea la ruptura del tiempo narrativo de forma aleatoria y poco justificada. Además, al utilizar como hilo conductor la lectura de textos escritos por los propios protagonistas, se recurre a demasiados trucos para jugar con la veracidad o no de lo narrado en pantalla. Lo que no impide ofrecer escenas realmente maravillosas, como esa pelota botando que cambia de dueño y que da a entender la resolución de la película. No obstante, todo esto podría justificarse por su naturaleza de truco de magia.
La película embauca, absorbe. También engaña, como un mago engaña a su público. Pero todos sabemos que un sombrero del que sale un conejo no puede ser un sombrero normal tal y como pretenden hacernos creer, que hay truco. Y aunque uno pueda sentir que ha sido engañado en su acto final, sale del cine queriendo ver la función de nuevo.

